El viernes pasado salí al bar Le Progrès-El farolito. Como siempre, Dorianne y Solange atendían a los numerosos clientes que estaban platicando, apoyándose en el mostrador como si quisiesen agarrar las pintas de Quilmes. Ya eran las 22 Y Solange vio un silueta desgarbada detrás de la puerta y pensó al tiro: ése es Jeff!!!Claro que no hay muchos flacos en París que son tan altos y delgados como yo!!! Se acercó y observó una redondez bajo mi campera.
-¿Qué es eso? ¿Te golpeaste? Dijo, pitorreando simpáticamente (bien sabía que semejante hinchazón hubiese sido un caso clínico desesperado!!!)
-Boluda, te traigo una torta riquísima y vos te burlas, le contesto sonriendo.
- ¿Cómo qué una torta? ¿Una torta de qué, bajón?
- Un flan de DULCE DE LECHE, querida, ¡POR FAVOR!, ¿entendés? Y lo hice yo. Porque no sé si te acuerdas pero hoy es tu cumple y el mío también!!!
-Jajajaja !!! Sos groso!!!
- Gracias querida pero eso ya lo sabía!!!
Y así arrancó una noche argentina en París que seguramente fue mi Madeleine de Proust (en Por el camino de Swann, el narrador nos cuenta tan poéticamente que el olor de la magdalena le recuerda los desayunos de su niñez)
Después, los recuerdos se hicieron realidad. Jugamos al truco y como siempre los otros me dejaron en cueros. Por supuesto tomamos maté, Quilmes, Fernet y demás. Pero creo que el mejor momento de la fiesta fue cuando Violeta y Nicolás se levantaron a bailar sobre la Cumparsita. Me impresionaron la velocidad del baile, los zapateos y la destreza de la pareja. No los había visto desde hacía más de 6 meses y ¡me dejaron boquiabierta! Me gusta el tango porque es la expresión de la fuerza de un encuentro que no debe ir más allá de un baile. Es al mismo tiempo la exageración y el dominio de los impulsos.
¿Mi sentimiento con respecto a aquella noche?
La historia está hecha de momentos parecidos en que uno vuelve a su pasado, al estar en el presente. En este bar tuve la impresión de adivinar el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno a Buenos Aires.

